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29 abr 2010

40 cosas que nos enseñó el porno

No sé cómo la habrán pasado ustedes en este fin de semana medio grisáceo y fresquito que acabamos de superar. Yo no les puedo contar exactamente en qué invertí la mayor parte de mi tiempo, pero sí puedo ofrecerles un post que no tiene absolutamente nada que ver con ello: las cuarenta cosas de la vida que todos aprendimos mirando pornografía en Internet. A saber:

7 feb 2010

Acerca de mi Más Patético Despertar

Se trataba de la despedida de Sánchez, pues se iba a estudiar por un año a Ámsterdam, y dicho evento se celebró un viernes de agosto de 2005. Estábamos en Chapinero Alto, en la casa de Ana Tévez el susodicho Sánchez, Roberto, Carolina Jaramillo, un man más que acompañaba a ésta última, Ana Tévez y el suscrito. Estuvimos oyendo rock en Español, sentados en el suelo, comiendo empanadas, patacones y fritos similares con ají, pasando con Tang® de naranja, y tomando aguardiente. Recuerdo que la tal Carolina Jaramillo, sin estar borracha y muy temprano en la noche, le lanzó un cuchillo al joven Sánchez sin ningún motivo y sin dar una explicación satisfactoria al respecto.

Efectivamente, estábamos todos sentados en el suelo, comiendo y bebiendo, cuando Sánchez vio la necesidad de usar un instrumento adicional para untar de ají a sus empanadas, como por ejemplo una cuchara. Carolina Jaramillo, pues, se ofreció a pararse y buscar una cuchara, y al cabo de unos segundos, estando ella parada y Sánchez sentado, le tiró un cuchillo, como si la intención fuera que Sánchez lo atrapara en el aire. Naturalmente, éste en medio de la sorpresa y mientras masticaba una empanada, vio como el cuchillo se dirigía a él y finalmente calló sobre su regazo, sin haber generado ninguna herida.

Atónitos todos los presentes, dirigimos nuestras miradas a Carolina Jaramillo quien no paraba de reír, y quien todavía permanecía de pie. “Ay, Ana, es que no encontré las cucharas entonces traje un cuchillo…” fue lo único que atinó a decir. Ana Tévez se levantó asombrada y buscó en la primera gaveta de la izquierda, donde generalmente se encuentran estos utensilios y ciertamente no había una sola cuchara. Pero al lado del fregadero de la cocina se encontraban unas cuantas cucharas, ya secas, que Carolina Jaramillo debió haber divisado sin problema alguno. Cuando Ana Tévez volvió con la cuchara, Carolina Jaramillo se sentó mientras volvía a estallar en risas, y todos los demás, incluido el estupefacto acompañante de ésta, decidimos ignorar de momento dicho evento por el resto de la velada.

Ya bien entrada la noche y bien entrados los tragos, recuerdo que estuvimos cantando en un tono asaz descoordinado “La Despedida” de Fito Páez, como una sucia, oxidada y borracha orquesta. Al terminar dicha canción, ya se hacía claro que la fiesta había acabado y todos debíamos dormir. Carolina Jaramillo y su acompañante cuyo nombre no recuerdo se habían marchado mucho antes de tal espectáculo, y Roberto y yo nos quedamos a dormir en la sala del pequeño apartamento de Ana Tévez, aunque no recuerdo si esta situación se había acordado así desde el principio o si fue algo improvisado, dado el patético estado de borrachera en el que nos encontrábamos. Se me ocurre que el plan inicial era que yo iba a pasar esa noche en la casa de Roberto, quien en ese entonces vivía bastante cerca, pero terminamos ahí mismo, en el escenario principal de la despedida.

La anfitriona sacó un colchón, unas sábanas y un par de almohadas para Roberto y para mí, acto seguido ella entró en su cuarto con Sánchez y ambos se despidieron, previo a cerrar la puerta tras ellos. Acto seguido, tanto Roberto como yo nos echamos a dormir, o al menos eso me pareció.

Un par de horas después, aproximadamente a las seis de la mañana, no hubo más remedio que abrir los ojos y despertar. Las cortinas que cubrían las ventanas, las cuales daban directamente al Oriente de Bogotá, en efecto sólo servían para obstruir la visibilidad del ojo humano, mas no al rey sol, el cual se entró y cubrió de luz toda la sala sin pudor alguno, como Pedro por su casa.

Lo primero que sentí fue que mi vejiga estaba bastante llena y ansiosa por liberarse, así que me restregué los ojos con ambas manos y procedí a ponerme de pie. El apartamento tenía a mis espaldas las mencionadas ventanas, a mi izquierda el comedor y la cocina, en frente a la izquierda tres puertas, y en frente a la derecha la puerta principal, la que daba entrada al apartamento, y en frente de ésta un sofá azul.

Lentamente caminé hacia delante, y de entre las tres puertas que estaban juntas escogí la primera de izquierda a derecha. Procedí a abrirla y efectivamente se trataba del baño, tal como yo creía recordar en el momento. La de la mitad era la del cuarto de Ana Tévez, y la del extremo derecho era la de su hermana. Parado enfrente del inodoro, pues, intenté bajarme el pantalón para orinar, y de repente noté que no tenía nada qué bajarme, pues mi desnudez era absoluta.


!!!

Entré en un estado inicial de conmoción, pues era la primera vez que me demoraba tanto en percatarme de mi desnudez, y no es mi costumbre dormir así. Sin embargo me calmé, evacué mis líquidos en el inodoro, tratando de hacerlo antes de que alguien más viera cómo soy en realidad. Instintivamente, al terminar, mandé la mano a soltar el agua del tanque, pero me detuve justo antes de llegar. Soltar el agua ante tan sepulcral silencio podría alarmarlos a todos, pero la idea de dejar mis heces flotando por ahí tampoco era (¡ni es ni será!) agradable, así que di un respiro hondo y solté el agua.

Abrí la puerta, sintiendo el sol mañanero quemándome los ojos al mismo tiempo que empecé a sentir un extraño frío en todo el cuerpo, frío que no había sentido ni durante el agasajo ni durante la noche. Naturalmente, el efecto del alcohol se estaba evaporando y rápidamente mi cuerpo estaba empezando a desatrasarse de todo el frío de debí haber sentido en mi desnuda noche.

Además del sol mañanero, vi a Roberto tendido en el colchón, dormido todavía, y en frente de la puerta principal encontré un morro de ropa, donde alcancé a identificar mi pantalón, de modo que me dispuse a ponérmelo de nuevo. Me puse los bóxer y el pantalón sin problemas, pero debajo, al levantar mi camisa, vi una horrible sorpresa en ella: Vómito, horrible, putrefacto y anaranjado, esparcido en mi camisa, en mis medias y según vi inmediatamente después, en la punta de mis tenis, los cuales yacían al pie del sofá, justo al lado de una piscina producida por mis tripas. Solté la camisa de inmediato y me llevé la mano derecha a la boca, estupefacto, pues nunca antes me había asqueado tanto con mis propios deshechos.

Reflexioné un instante… ¿Será éste mi vómito? En aquel momento no sentía traumas post-nauseabundos, pero el vómito estaba solo en mi ropa. Roberto estaba vestido y dormido, sin charcos putrefactos en su rededor. Me vi obligado a recapitular y tratar de recabar más a fondo en mis memorias.

Lamentablemente para mí, para Ana Tévez y quien quiera que se haya encargado de la situación a fondo, en realidad no me dormí inmediatamente después de que ella entró a su cuarto con Sánchez, al final de la celebración. En efecto, la mezcla de aguardiente con Tang® de naranja generó una abominable reacción en mi aparato digestivo y tuve la necesidad de desparramar dicho producto gástrico en el lugar más cercano posible. Aparentemente mi borrachera no me dejó buscar un lugar más apropiado que el espacio enfrente del sofá azul de la entrada.

Parecía lógico que ni siquiera en mi más enlagunada borrachera yo pudiera soportar el hedor de mi propio vómito, por lo que no sólo me quité la contaminada camisa, sino también los tenis, el pantalón y las medias, para mayor seguridad.

No recuerdo qué pasó después de ese momento, pero ya no importaba. Lo importante es que el vómito era mío y yo debía limpiarlo. Un poco desorientado por las asquerosas piscinas digestivas que dejé, me dirigí a la cocina para buscar algo con qué limpiar, y lo primero que vi fue un viejo trapo de lana colgado en el tendedero de la ropa, para empezar a fregar el suelo, y un recogedor de basura, y fue con estas herramientas que me dirigí a la escena del crimen y empecé a limpiar, dada la ausencia de otras más aptas para la tarea.

Admito que un par de veces, con motivo de sendas borracheras, vomité en las calles de mi pueblo natal, pero esta era la primera vez que vomitaba en una casa sin usar el baño, lo cual me hacía sentir bastante mal, sin contar con que cada segundo que pasaba me hacía sentir más y más frío, pues descalzo en aquel suelo de embaldosado, sin camisa y sintiendo en un instante todo el frío que debí haber sentido y que ciertamente acumulé en mi desnuda noche.

Cuando ya estaba a punto de terminar, solté un momento el trapo y me senté en mis piernas para descansar un momento, sintiendo, además del frío, la desazón del guayabo y el oxidado sabor a aguardiente con Tang® en mi boca y garganta, que por poco despertó nuevas náuseas, por lo que traté de concentrarme en terminar de limpiar mis evacuaciones orales. Sin embargo, al retomar el “trapo” de lana con que estaba limpiando, noté que tenía una abertura bien definida, y que tenía un fondo bien definido, como si fuese una media.

Efectivamente, se trataba de una media bastante femenina y que ya había absorbido una gran cantidad de jugos gástricos procesados. Dirigí una mirada al tendedero y vi que, efectivamente, otra media igual a la que tenía en mi mano yacía tendida ahí.

!!!

Me quedé sin palabras y sin pensamientos por unos diez segundos. No obstante, ya el daño estaba hecho, de modo que un poco más de vómito no haría diferencia alguna en la ya estropeada media, de modo que continúe limpiando el suelo y mis tenis para dejarlos lo más limpios que pude, dada mi patética condición.

El siguiente paso a estas alturas era llevar el recogedor de basura y descargarlo en el fregadero, lo cual me pareció lo más sensato en ese momento. Descargué, pues, el abominable producto de mi ser en el fregadero, y el miserable se quedó ahí. Abrí la llave del agua, y nada que el miserable se dejaba evacuar. Ante este escenario fue que escuché el saludo de Sánchez, quien venía de atrás, e indagó por el estado de mi patético ser. Me di vuelta para saludarle, sin levantar la cabeza por supuesto, y aquél, al ver tan repugnante espectáculo estalló en risas.

Le relaté a Sánchez lo que hasta ahora he relatado a ustedes, y no paraba de reírse de mí. Roberto despertó, y Sánchez le relató lo ocurrido, riendo también, pero sólo después de darse cuenta y cerciorarse de que él se encontraba limpio, libre de mis productos líquidos. Fue en este momento que Sánchez confirmó que la media que usé era de la hermanita de Ana Tévez, a quien yo jamás había visto en mi vida.

Ya con más que suficiente ilustración, Sánchez me prestó una horrible camiseta amarilla para cubrirme medianamente del frío al igual que unas medias, al tiempo que me ofreció desayuno, todo esto sin dejar de reír y hasta lagrimeando. A este último ofrecimiento me fue imposible acceder, pues la sola idea de ver a Ana Tévez después de semejantes desfachateces revolvía y restregaba mi ego contra mi propio vómito. El tal Sánchez trató en vano de convencerme que todo lo que me había ocurrido era perfectamente normal y que a Ana Tévez no le iba a importar, pues precisamente el sábado era uno de los días que su empleada iba a la casa a hacer el aseo.

Así fue como procedí a irme de la casa de Ana Tévez, deseándole muchos éxitos a Sánchez en su travesía por los Países Bajos, a eso de las 8:00am de lo que fue uno de mis más horribles y desperdiciados sábados en la historia. Roberto, quien no tenía nada de qué avergonzarse, también se quedó a prepararse desayuno. Caminé algo desorientado a una estación de transporte masivo, donde el solo roce de mi piel con la ropa que llevaba me producía un frío que me hacía tiritar como a una caricatura, el frío más perturbador que he sentido en toda mi vida. Un casi insoportable rato después llegué a la última estación; allí bajé y me dispuse a esperar por un buen tiempo el bus intermunicipal que finalmente me llevaría a casa.

16 dic 2009

The Big Bang Theory 3er Temp (Parte III)



Acá van los capítulos que faltaban. Son buenísimos!!!!!!!

Tercer temp / Cap 6



Tercer temp / Cap 7


Tercer temp / Cap 8


Tercer temp / Cap 9


Tercer temp / Cap 10


Tercer temp / Cap 11

Acerca de los Irrelevantes Hechos que Ocurrieron al Final de una Noche Chapinerina

En el preciso instante en que abruptamente se interrumpe la emisión del vídeo de “House of Pain” de Faster Pussycat, y se encienden las brillantes luces en todo el recinto, los pocos individuos que aún quedan en el bar toman conciencia de que han pasado dos horas y veinticuatro minutos desde que empezó el día. Acto seguido, tan seguidamente como el alcohol en la sangre les permite deducir, entienden el tajante e irreprimible mensaje que quienes llevan las riendas del recinto quieren comunicar obviando el uso de palabras habladas.

Algunos cuantos, obedientemente, se acercan a la barra y solicitan el uso del teléfono para llamar a una empresa de taxis; otros cuantos evacuan, caminando lentamente por la puerta principal, pero un individuo, sólo uno de los aproximadamente quince que se encontraban en el bar en el momento del cierre, decide omitir el mensaje tácito y mantenerse inmóvil en su sitio, inclinado sobre la mesa, mientras contempla la estática pantalla azul en la que se proyectaron decenas de videos hasta hace unos minutos.

A pesar de haber bebido dos jarras de cerveza, acompañadas por uno o dos puñados de maní picante, Raúl aún mantiene su lucidez, pero desea que por una vez en la vida los encargados de cerrar el recinto al público se le acerquen y le informen expresamente sobre la situación, y además le ofrezcan disculpas. ¿Por qué tienen que cortar las canciones y prender las luces tan groseramente? ¿Por qué interrumpieron la canción si aún no eran las dos y media? Y aun cuando fueran las dos y media, ¿qué les cuesta dejarla hasta al final? ¿Será que creen que por estar algo borracho perdí mi visión de lo real y no merezco respeto? ¿Es que acaso mi dinero no vale?

Pasados unos cuántos minutos, el único consumidor presente es Raúl, un flaco de un metro ochenta, lentes para la corrección de una leve miopía, de pelo negro a ras del cráneo, vestido con ropa que bien podría ser tanto setentera como noventera, quien observa cómo los cuatro meseros, antes que acercársele a ofrecerle las tan anheladas disculpas, empiezan a subir las sillas sobre las mesas. Es sencillamente otro mensaje entre líneas, con el cual buscan reiterar el primer mensaje. Estos manes quieren echarme al tiempo que me ignoran... Qué vergüenza...

Sólo faltan por levantar las sillas de una sola mesa. El empleado elegido por designios del azar, titubea unos instantes al costado derecho del joven solitario, quien sigue contemplando el azul electrónico de la pantalla.

- Disculpe...

Voltea la cabeza, observa al mesero de un metro sesenta, pelo negro y crespo, ojos esquivos y piel morena, con ira inquietante, y endereza su cuerpo hasta quedar sentado como nos enseñaron nuestras madres, sin retirar la vista de aquél rostro.

- Quiero hablar con el administrador.
- No señor, no se encuentra. Sólo viene los miércoles y los viernes – dicho al tiempo que con su cuerpo comunicaba ademanes de impaciencia por subir las sillas a la mesa y poder ir a su lejana casa, posiblemente ubicada en Villa Luz o más allá, a dormir lo merecido después de una extenuante jornada.

Raúl inclina la cabeza y reflexiona sobre la situación. El cansancio, de repente, hace mella en sus ínfulas de quejoso, y adicionalmente, de reojo, se entera de la atención que le prestan los otros tres meseros a unos cuantos metros de sí, preparándose para la eventual lid con el borracho de turno. Piensa en comunicar su anhelo al mesero que tiene en frente, pero es fácil suponer que la demanda a incoarse será irremediablemente resuelta con un “sí, claro, para la próxima,” lo que equivale a un rechazo de plano, fundamentado en el estado de embriaguez del accionante.

- Bueno... Gracias…
- Que esté bien, que vuelva.

Bendita idiotez. Armó la escena para al final dar las gracias. Para esa gracia, se hubiera ido con los demás cuando se encendieron las luces, y habría sufrido menos humillación. Raúl lo sabe perfectamente, y por eso sale aburrido del bar. La había pasado maravillosamente toda la noche, cantando al son del pop metal de los ochenta y uno que otro flirteo con el rock moderno, pero el esplín se apoderó de su ser en unos cuantos instantes. A pesar de tal sensación de humillación y frustración, el siguiente paso ahora es comer algo, y con tal objetivo en mente, camina un par de cuadras en el frío, nublado y desolado Chapinero, conciente de que no será fácil encontrar un establecimiento decente abierto a esta hora, y de que en la casa sólo va a encontrar un huevo, un par de galletas de sal y agua de la llave. Raúl disfruta de la niebla y de la desolación, pero desea volver pronto a su casa, pues olvidó ir al retrete antes de salir del bar, descubriendo de tal forma que ése fue el supuesto cansancio que lo invitó a salir del antro con la cola entre las patas. Desea orinar desde hace veinte minutos, pero una seguidilla de conocidas canciones cuyos videos jamás había visto, “House of Pain” de Faster Pussycat incluido, y las ideas detonadas por su interrupción súbita, le impidieron satisfacer su necesidad orgánica dentro del bar. Ante tal escenario, encuentra un carrito de pizzas atendido por un joven de cachucha roja y bata blanca.

- Una de carnes, por favor.
- Sólo tengo de pollo con champiñones... Las dos últimas.
- Bueno… Listo. Una por favor.

Efectivamente, en la bandeja de pizzas sólo había dos rebanadas, y las dos eran de pollo con champiñones. Raúl solicitó carnes por puro instinto, sin pensar y sin observar la bandeja de pizzas. Cuando el joven de cachucha roja amablemente le puso los pies sobre la tierra, titubeó unos cuantos instantes. La verdad es que le encanta el pollo, pero los champiñones nunca fueron de su agrado. Sin embargo, al contar con suerte de encontrar comida callejera a esas alturas de la madrugada, no tuvo más remedio que acceder a la oferta disponible, no sin dejar de lado cierto titubeo. Tiene muchas ganas de orinar, y considera hacerlo en el muro, detrás del poste de luz, pero prefiere abstenerse de tal conducta por puro respeto al otro integrante del cuadro, aún cuando a éste en realidad le habría importado un sieso. Mientras la pizza se va calentando en el horno, Raúl recuerda que en un puñado de ocasiones ha comido satisfactoriamente pizza sacada directamente de la nevera, y se arrepiente de no haber pedido que se le entregase así no más, sin calentar. Casi inmediatamente después recapacita, y piensa que es mejor que se la sirvan caliente por cuestiones de salubridad, aun cuando su nivel de escrúpulos es equivalente a cero. Así las cosas, el joven de cachucha roja advierte que la rebanada de pizza se encuentra lista, y la saca directamente del horno para ofrecérsela a Raúl.

- Gracias...

Lleva pues la rebanada directo a la boca y así se quema el paladar. No obstante, y sin exhalar exclamación alguna, la mastica y la digiere raudamente, pues a pesar de su lucidez, las ganas de orinar y el alcohol alojado en su organismo no lo autorizan a distraerse con el dolor y el fastidio provocados por la herida, más allá de la impresión inicial. Las siguientes pruebas de pizza se degluten eludiendo el área afectada con relativo éxito, con la mala fortuna de que no hay pasante alguno que funja como sucedáneo de anestesia.

Al terminar el desechable alimento, da las gracias de nuevo y se echa a correr tan rápido como su vejiga se lo permite, para llegar lo más pronto posible al apartaestudio que hace las veces de su hogar, a unas nueve cuadras de distancia. Con todos sus pensamientos dirigidos a la evacuación de su vejiga, su percepción de la realidad se ve ligeramente trastornada. Dejando de lado ciertas imperfecciones, sus sentidos estaban sanos, mas su cerebro no prestaba atención alguna a la información que provenía de su rededor. Mientras sus oídos perciben el acelerado y constante choque de un ajeno par de pies contra el asfalto, que va acercándose progresivamente, y sin desacelerar su propio correr, su cerebro se entretiene con escenas de películas donde algunos de sus protagonistas van corriendo, en particular, el steady cam de Marlon Wayans en “Réquiem por un Sueño” de Darren Aronofsky, o a Leonardo DiCaprio y a Mark Whalberg en “The Basketball Diaries” de Scott Calvert, ambas escenas al son de una canción punk que musicalizó una propaganda de casetes de Sony emitida por un corto lapso en MTV por allá en 1996, combinación maquinada por su cerebro para el momento, en aras de entretenerle en su todavía naciente travesía, a falta de un iPod, discman, walkman o similares.
Pero por más entretenido que se encuentra Raúl en estos momentos, su cerebro recibe una información que no puede ignorar exitosamente, como lo había logrado hasta ese instante con los pasos descritos anteriormente, unos gritos monosilábicos que igualmente se escuchaban paulatinamente más fuertes, y un vaho repugnante de heces líquidas que algún impudoroso estampó en algún muro detrás de algún poste de luz. En efecto, ahora mismo un par de manos está aprehendiendo tenazmente a Raúl de los hombros, obligando una interrupción no meditada de la función mental que estaba presenciando, precipitándose de bruces contra el suelo y volviendo a la realidad que su sangre alcoholizada le permite presenciar.

- ¡Quihubo pues pirobo! ¡A mí no se me vuela!

Raúl, atónito y consternado, a penas ahora comprende lo que ocurre. Mientras reconoce la voz del joven de la cachucha roja, todavía expeliendo arengas, insultos sin sentido y amenazas, se avergüenza de haber echado a correr habiendo olvidado el pago de mil doscientos pesos por concepto de la hiriente rebanada de pizza de pollo con champiñones. Se voltea, pues, avergonzado, se sienta en el suelo y hace señas con su mano izquierda, invitando al joven de cachucha roja a que detenga su verborrea, mientras indaga su bolsillo derecho con la restante mano.

- Oiga, ¡qué pena! Es que estoy borracho y no sé lo que hago... Se me olvidó pagar,
no quería irme sin pagar... Vea...

Le entrega un billete de dos mil pesos, aún sentado en el suelo, al con razón iracundo joven de cachucha roja, flaco y verdaderamente joven, pero fuerte como sus necesidades se lo exigen.

- Coma mierda...
- Gracias...

El joven se aleja de la escena, aún iracundo y caminando rápidamente hacia el carrito de pizza que dejó abandonado dos cuadras atrás. Raúl, todavía sentado en el suelo, y ahora con el esplín otra vez en primera plana, no sabe si reclamar los ochocientos pesos que ahora le debe el joven de la cachucha roja, o dejárselos como compensación por exponer el carrito de pizza a los peligros de la noche. A su creciente aburrimiento se le añade, entonces, el urgente clamor proveniente de su vejiga, clamor que determina a Raúl a abandonar su acreencia, a reincorporarse y en volver a casa. A trote lento llega, pues, a su apartaestudio.

- Buenas Eleodoro.
- Bien, gracias...

El portero abre la puerta para dejarle entrar. Se dirige al ascensor, el cual para su fortuna se encuentra en el primer piso, ingresa, pulsa el botón cuatro, se cierra la puerta y en un santiamén se abre la puerta de nuevo. Raúl baja y se dispone a entrar a su apartamento, a dos pasos del ascensor. Al sacar la llave de su bolsillo con cierto trabajo, observa la puerta que tiene en frente y se da cuenta de que misteriosamente se encuentra en el tercer piso, gira ciento ochenta grados para encontrar el ascensor ya cerrado, y tras un nuevo respiro de frustración, prefiere subir lo que resta de escaleras hasta el cuarto piso. Por fin llega a su aposento, dirigiéndose inmediatamente al baño. Después de unos ochenta segundos, se lava las manos y la cara, se desviste y se echa a dormir, esperando que llegue prontamente el siguiente día, o cuando menos, que el que acaba de pasar acabe de pasar.

Hora y media después Raúl abre los ojos. Todavía está oscuro, todavía siente el alcohol en su sangre, y ahora siente que su paladar está insoportablemente pelado y ardiente. Vuelve a cerrar sus ojos en signo de lamentación, pero ya no podrá volver a los dominios de Morfeo sino hasta la siguiente noche. En este preciso instante Raúl aprecia y anhela la hasta entonces agradable e imperceptible ausencia de dolor, recordando cómo seis horas antes su paladar estaba aliviado y libre de molestias, pensando en cómo la mera ausencia de dolor puede llegar a ser placentera. En este punto exacto, recuerda la “excusa” que le expuso al joven de cachucha roja. “Estoy borracho y no sé lo que hago.” Raúl sabe perfectamente que las dos jarras de cerveza no habían sido el motivo por el cual se fue corriendo al terminar la pizza. Fue simple y llana torpeza, y hubiera ocurrido así aún en su más despierta y perita lucidez, pues la torpeza, en Raúl, no conoce obstáculos. Quejándose mentalmente de los diversos sucesos del final de la noche, llega a la conclusión de que no hay más alternativa que salir de la cama y dirigirse a la cocina a tomar agua, y así calmar tanto como pueda la tediosa quemadura, ad portas de una nueva mañana en el Distrito Capital.

24 oct 2009

The Big Bang Theory 3er Temp (II)


Bueno como ya adelanté en otro post la salida de la tercera temporada de The Big Bang Theory y probablemente tengan un rato libre, sigo adjuntando los capítulos que faltan. A medida que vayan saliendo más, los posteo.





The Big Bang Theory 3x02 - The Jiminy Conjecture


The Big Bang Theory 3x03 - The Gothowitz Deviation


The Big Bang Theory 3x04 - The Pirate Solution


The Big Bang Theory 3x05 - The Creepy Candy Coating Corollary

11 oct 2009

OLD BOY: THE LOST CUT


Muchos de ustedes seguro han visto o han oído hablar de la película Old Boy, un excelente film coreano del 2003, dirigido por el director (igual de coreano o hasta más que el film) Chan-wook Park.

Sin embargo, lo que muchos no saben es que la película que fue estrenada en el año ya mencionado no es la versión original, pues se trata de una versión que fue manipulada por el productor Seung-yong Lim y el productor ejecutivo Dong-ju Kim, quienes consideraron en su momento que la versión original estaba destinada al fracaso.

La razón detrás del presunto fracaso que tendría la versión original era que era demasiado homosexual, gay o cacorra. Tengan en cuenta que estamos hablando del año 2003, época en la cual la homosexualidad todavía no era la última moda, sin mencionar que lo que sí estaba de moda en Corea del Sur era salir todos los domingos a romperle la madre a los putos, ya que éstos eran considerados una amenaza a la sanidad pública y al medio ambiente. Basándose en los hechos (completamente verídicos) expuestos anteriormente, los productores decidieron contratar a Nobuaki Minegishi para que se inventara un cómic con el mismo título de la película, basando estas acciones en las estadísticas que indicaban que hacer películas basadas en comics era bien acogido por el público y altamente lucrativo. Así las cosas, la película se estrenó en su versión modificada en el 2003 con gran éxito a nivel mundial.

En aquel momento la versión original parecía perdida para siempre. Pero en el 2005 se estrenó el film Brokeback Mountain del director taiwanés (sospechosamente asiático al igual que Chan-wook Park) Ang Lee. Brokeback obtiene gran éxito taquillero, y además gana tres premios Óscar® en el año 2006, aunque se le escapó el premio a mejor película. Para mediados del 2006, las encuestas populares mostraban que en ese momento la homosexualidad era la última moda. Las casas productoras más grandes de Hollywood empezaron una búsqueda por todos los proyectos que estuviesen relacionados con la homosexualidad, suceso que posteriormente llegaría a ser conocido en Hollywood como “The Ian Mckellen Endeavour”. A estas alturas, cuando MGM Studios se topa con la versión original de Old Boy y decide comprarla por la cantidad poco despreciable de cien millones de won (la moneda de Corea del Sur), equivalente a diecisiete dólares americanos con noventa y nueve centavos ($17.99). Sin embargo MGM Studios comete el error de comprar el film habiendo solo visto su trailer, y cuando va a recoger la totalidad del material se dan cuenta de que Chan-wook Park irónicamente había guardado el celuloide original de la película en su closet ignorando el cuidado especial que éste necesita y se había deteriorado. MGM empieza un proceso de restauración del material original que tardaría años. Dos años después de la compra el material ya estaba casi listo, cuando el 22 de enero de este mismo año muere Heath Ledger (protagonista de Brokeback Mountain), que aunque no era gay en la vida real genera un declive notable en la popularidad de la homosexualidad. Después de hacer unas encuestas populares, MGM Studios decide no estrenar la película por temor a su fracaso y decide guardarlo en el closet destinado para proyectos fallidos.

Hoy en día todo el mundo ha olvidado que existió una versión original de Old Boy, y parece que el film original esta condenado a permanecer por el resto de la eternidad dentro del closet.

Sin embargo, he logrado conseguir una copia del trailer que MGM Studios tenía al momento de realizar la compra. Se los adjunto para que lo vean.

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10 oct 2009

Acerca de "Los Archivos de Stanley Kubrick"

Era una oscura tarde de domingo, aquella en la que me dirigía al Cinema Ópera Plaza a ver “La Insoportable Levedad del Ser”, bajando desde la Carrera Décima con Calle Veintiséis, cuando me detuve por unos instantes en la vitrina del almacén oficial de Taschen®, pues la visión de un gigantesco libro me paralizó por completo; era un libro de dimensiones dantescas titulado “Los Archivos de Stanley Kubrick”. Era de aproximadamente cuarenta centímetros por treinta, con una portada en rojo y negro, de tapa dura, y debía de tener por lo menos quinientas páginas, todas llenas de imágenes de magníficas películas que había visto, como por ejemplo, alguna foto de Keir Dullea, haciendo la formidable y siempre bienvenida “kubrickian stare”, dirigiéndose hacia la inminente desconexión de HAL 9000; probablemente también debía de incluir una imagen de toda una página de Malcolm McDowell, agachado, con las manos en la espalda y con una malvada sonrisa, a punto de escarmentar con un cuchillo al siempre sonriente y desmedido Dim, sin cortar uno solo de sus “principales cables”, y por supuesto, tenía que tener fotos de Jack Nicholson aterrorizando al resplandeciente Danny y a Shelley Duvall en aquél endemoniado hotel abandonado.


“Tiene que ser mío…”, pensé, y efectivamente tenía que ser mío. De manera que destrocé el vidrio que me impedía unirme a mi libro, dándole un puntapié con mis botas de punta metálica. Ya nada nos separaba, y por ello me acerqué a sacarlo, pero ¡qué libro tan pesado! Y así era como debía ser, dadas las dimensiones que describí más arriba… Debía de pesar unos siete kilos, pero no se me ocurrió pensar en eso antes de ponerle mis manos encima. “Los Archivos de Stanley Kubrick” se convertiría en mi nuevo objeto de culto, despojando de tal honor a otro libro de Taschen®, titulado “Cine en los Noventa”, bastante bueno por cierto, pero ni siquiera todos los cineastas más representativos de los noventa juntos pudieron superar la genialidad y astucia de Stanley Kubrick, toda consignada en cientos y cientos de imágenes en el libro que en ese momento tenía en mis manos. No obstante lo obvio que podría parecer, no se me ocurrió pensar en que el alboroto causado por el destrozo de la vitrina y la respectiva alarma que se disparó instantáneamente, iban a llamar la atención de los transeúntes que se encontraban a medio kilómetro a la redonda.


Así las cosas, se me acercó un joven de gafas, pelo largo y mochila, a decirme que pusiera ese libro en su lugar, y así lo hice: le descargué siete kilos de peso y unos newtons de más en la raíz de la nuca, imaginando por supuesto “La Urraca Ladrona” de Gioacchino Rossini como música de fondo, noqueando ipso facto al cheloveck descrito anteriormente, mis grandes y únicos amigos, y me sentí increíblemente joroschó con tal despliegue de ultraviolencia.


En ese momento una devotchka empezó a gritar, y los millicents se apuraron para apresarme, pero no, no podía dejar que me despojaran de un libro que había sido mío desde siempre, aún antes de su concepción; entré en crisis por unos instantes, pero a la distancia pude escuchar un estéreo desde el cual retumbaba “21st Century Schizoid Man” de King Crimson; lo tomé como una señal que Bog me enviaba, y videé de inmediato qué era lo que tenía que hacer: lanzarme al vacío, unirme con “Los Archivos de Stanley Kubrick” e inmortalizarme eternamente. De este modo me lancé, caí contra el duro asfalto destrozándome innumerables huesos, y además un camión terminó el trabajo de matarme. A diferencia de lo que ocurre en “La Naranja Mecánica”, yo sí morí, y estoy escribiendo esta historia desde mi propio mundo, apreciando “Los Archivos de Stanley Kubrick” sin que nadie me perturbe, admirando fotos de Ryan O’Neal en majestuosos paisajes centro-europeos y vestido al último grito de la moda del siglo XVIII, de las distintas personalidades de Peter Sellers como presidente de los EE.UU. y como el Dr. Strangelove, de Vincent D’Onofrio en su escalofriante última ida al baño, y por supuesto de Tom Cruise inmerso en las situaciones acontecidas en una extraña (¿o común?) noche neoyorquina, y así sucesivamente hasta el fin de los tiempos, for ever… And ever… And ever…

29 sept 2009

El Oso Polar




En un día de lluvia, aburrido y sin nada qué hacer, me percaté de la cantidad de amistades que tenia en feizbuk que nunca había conocido en la vida real. Se me ocurrió que sería interesante conocer a algunas de estas personas y me propuse inventar un mensaje que lograra romper el hielo y así poder empezar una verdadera amistad con estos individuos.

Decidí que el mensaje debía tener un formato parecido a una línea de diálogo que había leído hace un rato, utilizada para poder entablar conversaciones con mujeres que uno no conoce. Esta línea consiste en mencionar al oso polar, su peso y su capacidad para romper el hielo. Unos meses antes ya había puesto a prueba esta línea en los boliches de Buenos Aires, con resultados poco alentadores, aun así me pareció que en feizbuk no se podía fallar.

Cuando empecé a escribir el primer correo me di cuenta que no convenía usar al oso polar porque la dinámica de la línea se entorpecía, pues la respuesta a la pregunta inicial tomaría unos días y se perdería la tensión necesaria para su éxito. Así que decidí crear mi propio oso polar feizbuk que tuviese el mismo efecto de romper el hielo.

A continuación El Oso Polar de Feizbuk:

Hola Manuela,

Te parecerá algo raro que te escriba, ya que en verdad no nos conocemos. Esta rareza se debe a que he decidido conocer a todos los “amigos” que tengo en Facebook® que en realidad aún no conozco. Hasta ahora me ha ido relativamente bien con esta tarea. He descubierto que entre mis amigos que todavía no conozco se encuentra gente muy interesante (y otros que no tanto). Algunos ejemplos de los tantos casos interesantes son los siguientes:

Eleuterio Michaels: Un joven de 78 años que le gustan los deportes extremos y el heavy metal. Entre las actividades de alto riesgo que ha practicado a lo largo de su vida se destaca en todo lo que es el triciclo de carreras, pesca urbana con arpón y numerosos matrimonios junto con sus respectivos divorcios. Hoy en día dedica su vida a correr maratones alrededor del mundo.

Usnavy González: Una mujer de 26 años de origen estadounidense que decidió abandonar su aburrido país en busca de una aventura. Hoy en día vive en Colombia y efectivamente este país es todo lo que se esperaba. Aunque todavía no logra entender el dialecto que hablan en esta zona de Méjico.

Flaherty Mendoza: Una/un mujer/hombre de edad desconocida. Ella/el insiste en que nos deberíamos conocer, que desde que la/lo acepte en mi lista de amigos no ha podido dejar de pensar en mi. Que está segura/o de que somos almas gemelas y que puede hacer todos mis sueños realidad. No sé a que se dedica.

Como puedes ver, Manuela, el mundo de los amigos desconocidos de Facebook® es uno muy interesante que no debería pasar desapercibido. Tú podrías ser una de las amigas más interesentes que tengo pero que todavía no conozco. Espero que te animes a contestar el siguiente cuestionario:

Nombre:

Edad:

Hobbies, deportes, actividades de interés etc.:

Música favorita:

Comida favorita:

Espero recibir una respuesta, si nunca la recibo entiendo que este correo haya podido generar el mismo efecto que Flaherty y sus correos tuvieron en mí.

p.d. Si me respondes y yo no respondo en los siguientes cuatro días hábiles algo pudo haber salido mal en la cita que tengo con Flaherty mañana y deberías notificar a las autoridades lo antes posible.

Créanlo o no recibí una respuesta a este primer mensaje.

Nombre: Manuela Kairo González (Kairo apellido de papá y González apellido de mamá).

Edad: 21 no tan recién cumplidos.

Hobbies etc: Crear, crear, crear

Música favorita: la música no es mi mejor amiga

Comida favorita: las empanadas (empanadas de jamón y queso, empanadas de carne, empanadas de pollo, empanadas de cangrejo, empanadas de zapallo)

Como ya había recibido una respuesta asumí que nos habíamos convertido en amigos de verdad y le escribí un segundo mensaje que aunque todavía era bastante ligero ya se notaba un poco más de familiaridad.

Hola Manuela (Manuela Kairo de papá González de mamá),

Me alegra que me hayas contestado y me alegra igualmente que no hayas tenido que contactar a las autoridades. Te cuento que no logre descifrar qué es Flaherty, pero he decidido no investigar más y la/lo he borrado de mi lista de amigos. Prefiero no entrar en detalles acerca de la cita como tal, pero, lo que sí te puedo decir es que definitivamente no somos almas gemelas.

En cuanto a tus respuestas a mi elaborado cuestionario tengo que decir que aunque tus respuestas fueron cortas y concisas definitivamente eres una de mis amigas desconocidas interesantes. Claro que me toca reconocer que en el momento en que recibí el mensaje no sabía qué era una empanada pero ya he visitado la biblioteca y he hecho una investigación exhaustiva de todo lo que es la empanada y hasta me he aventurado a probarlas (no están nada mal).

No obstante, me queda una que otra duda acerca de algunas de tus respuestas. ¿Qué significa que la música no es tu mejor amiga? ¿Y qué te gusta crear?

Además de esas dudas me he dado cuenta que el cuestionario que te mande la vez pasada estaba incompleto (aunque no lo creas) y le faltaba una pregunta, que es igual si no más importante que las demás. La pregunta es la siguiente:

Película/s Favorita/s:

Bueno Manuela (hija de Kairo y González) espero que mis mensajes no sean una molestia para ti, entiendo si ya te han aburrido y entenderé si no contestas mis dudas y última pregunta.

p.d. Me enorgullece decirte que Eleuterio Michaels es el nuevo campeón mundial del reconocido evento, triciclo de carreras patrocinado por Redbull®. Aunque el había decidido dedicar su vida a las maratones se inscribió en el evento a manera de descanso de la rutina del trote. Para sorpresa de todos los fanáticos del deporte logro coronarse como nuevo Rey del triciclo de carreras.

Un día después de mandar este correo Manuela me borró de su lista de amigos. Una semana después recibí la primera orden de restricción jamás emitida a través feizbuk en la que se me ordenaba mantenerme a cinco contactos de distancia de Manuela. En este momento me di cuenta que ya no me daba lástima que el oso polar estuviese en vía de extinción y deseé nunca haber oído de este animal y su capacidad para romper el hielo.